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Aventuras por la calentura.

Tarjeta de crédito nueva + table dance en Playa del Carmen.

Aquel día llegué un poco tarde a Cancún primero y luego hubo un show que me aventé por una discusión entre el taxista del aeropuerto y una turista francesa hasta Playa Mamitas, como a una hora y 20 del aeropuerto; yo, me preguntaban de quién tenía la razón y yo, Pilatos: "A mí no me pregunten, ustedes sigan con sus pedos".

Y es que luego de un viaje largo, lo que piensas es llegar a la playa y recuperarte con un buen chapuzón, aparte de haber estado alrededor de 45 minutos entre que no había pasaje suficiente para Cozumel y que en vez de una van nos iríamos en taxi a cuenta de la misma aerolínea.

Llegas a Cozumel y esperas ver hoteles por todos lados, antros, tables, ¡pues no! Es el sitio más aburrido y más familiar del planeta; en lugar de ver turistas en bikini, ves a niños chupando paleta. Me fui a un Carlos O'Brian pensando que ahí todo sería distinto; me encontré en una fiesta infantil, padres, madres, abuelas y hasta el perro. Decidí ejecutar el plan B, lo tenía a 30 minutos en ferry. Salí de ese lugar de mala muerte hasta emputado, crucé la avenida, calle o lo que fuera, llegué a la taquilla e hice la pregunta más importante de las 9 de la noche que marcaba mi reloj. —Por cierto, ahí se jodió, le entró agua de mar. —Total, me dice la señorita: "La última llegada desde Cozumel es a las 12" —entendí las 2— y así me fui feliz, tenía mucha noche, para ir a un antro y ver la fama que tenían los table dance.

Llegué al antro y no me sentí bien ahí; tomé un taxi y le dije las palabras mágicas: —Lléveme a donde estén las mejores mujeres, ya sabe de cuáles. —Se ríe.

Llegamos a un tal Chilli Willis. A la fecha creo que sigue operando. Recuerdo que al llegar me sentí en la selva; tenía una valla perimetral de puros bambús o algo así, Adentro, mesas de billar en color vino y mesas y sillas un poco rústicas; vi dos o tres que me llamaron la atención desde la entrada, Éramos pocos hombres y pocas mujeres, —luego llegaron más—. Vi una brasileña; en ese tiempo no había entrado a tantos lugares tan finos.

Un mesero se me acerca: —Donde guste sentarse, caballero. Gracias, le dije.

Caminé como rey entre las mesas; las mujeres te voltean a ver, ya sabemos que no es porque les gustes...

Aparece una brasileña rubia, cuerpazo, cara hermosa y no duda en pedirla para el sillón que ocupaba. La experiencia te enseña a preferir sillones, para fajar mejor. Y subirla en las piernas sin que estorbe la puta mesa.

—Vámonos al privado —me dice

—¿Cuánto cuesta ese privado? —pregunté ya todo caliente.
—Serían 2 mil por media hora.

No lo pensé más, dije "Vámonos". Recuerdo que hice algunas posiciones ricas; ella misma me acomodaba, de pie a la cama, pierna arriba y yo detrás. Las brasileñas han nacido para el sexo; siempre he dicho que es donde tienes más segura la apuesta.

Terminó la acción, quizás 15 minutos o 20, no tengo idea, y regresé a mi lugar; pensé en tomarme una cuba e irme, era demasiado aburrido para volver al paraíso del aburrimiento, calculo las 11 de la noche o tal vez 12. El horario no me preocupaba; cuando estoy tomando, se me acerca una rubia despampanante, blanca pero con mucho bronceado, cabello negro, y se sienta a mi lado.

—¿Eres turista?
—Sí, ¿se me nota?
—Algo —rie.

Se acerca el puto mesero a los 5 minutos; sabemos cuál es su táctica demasiado tarde. Te dan 5 minutos donde no te dicen nada si le agarras las nalgas; el punto es que te calientes.
—¿Le ofrezco algo para la señorita? —yo bebía tequila, cerveza no recuerdo.

Antes de eso ya había estado con otra chica a la que le invité como 3 bebidas; yo ya estaba decidido a no coger más esa noche.

—Sí, tráigale algo
—¿Qué le ofrezco? —le pregunta a ella.
—Una botella de Moët.
La lleva y seguimos charlando; se me trepa en las piernas de frente, me besa el cuello
—Eres muy caliente, así me gustan —le digo.
—Puedo hacer mejores cosas en privado. —Palabras que me ponen más duro. —¿Quieres probar? —me pregunta con voz demasiado sexy y ese encantador acento brasileño.
—¿Todas ustedes son de Brasil? —le pregunté, pues las 3 elegidas esa noche eran de allá.
—No, también hay europeas, argentinas, mexicanas —me empezó a decir una a una de dónde eran.
—Aquella de allá es de por tu estado, de Querétaro.
—No, ella no vive cerca de mí —la corrijo.

Cuando ya estás tan pero tan caliente, ya piensas con el de abajo, así es que mi idea de ir solo por una y a dormir como bebé se esfumó cuando acepté llevarla al privado. La relación no fue como la anterior, no era tan buena en la cama, tenía alrededor de 22 años y la primera, como 27. Se notó la experiencia.


Terminamos la relación y dije ya, a ese sillón no vuelvo; pedí la cuenta, eran unos 30 mil pesos de ahora, 15 mil de hace 10 años.

Dije "Bueno, disfrute".

Parecía que todo terminaba ahí; el reloj marcaba la 1:30, estaría mucho antes del último ferry. Pero llego y encuentro aquello más desolado que un puesto de helados en Groenlandia —ahora tan de moda—. Dije: "Ya valí madre", miré aquella isla que se veía cada vez más lejos; por suerte no iba borracho, Regresé y a unos 100 metros hay un jardín sobre la quinta avenida. Miré a la gente; el pensó en dormir, pero las "camas" estaban ocupadas por vagabundos o qué sé yo.

Me dirijo a la central de autobuses; era el mejor sitio para pernoctar. Misma situación: ahí no cabía ni un alfiler, todas las butacas con gente dormida.

Regresé al jardín; veo a un policía que va quitando a los dormilones de las bancas.

—Disculpe, señor policía, ¿a qué hora sale el primer ferry a Cozumel? —le pregunté.

—Hasta las 7:30 de la mañana. —¡Puta madre!

Caminé por la quinta avenida; el reloj apenas marca las 3:00 y veo un antro abierto y me meto.

—¿Ya van a cerrar? —les pregunto.

—No, aquí cerramos hasta las 6 —me dice y pensé que era justo lo que buscaba.

Entré y aquello apenas tenía 5 personas, ¿Qué no es playa?, pensé.

Estuve ahí mareando una cerveza una hora; ya me estaba durmiendo de lo aburrido que estaba el lugar, Me dije: "Si me quedo aquí, me duermo; mejor vamos a otro table dance"

Nunca pensé en volver al Chilly, no quería pagar 15 mil pesos más. 2,000 una chica, 2,500 la más joven, como 4,000 de bebidas de todas y ya sabemos, las putas propinas del 10%

Llegué a un table de mala muerte; según eso era el centro, pero parecía cualquier pueblo olvidado, justo a dos cuadras de la zona hotelera. Bueno, bueno, ahí gasta poco menos de unos 2,000 no cogí, pero maté el tiempo, con una dama de SLP en las piernas toda la noche. Ella insistía en ir a cuarto, pero la neta no estaba como las otras; tenía, eso sí, unos melones naturales gigantescos, nalgas igual, de cintura dos tres; de cara no me gustaba, pero tampoco era fea.

Y mi odisea terminó a las 7:30 cuando llegué al ferry y esperé 30 pinches minutos a que dieran las 8 y llegara el primero desde Cozumel, mientras estuve cerca de irme de hocico contra las piedras, porque me quedé dormido sentado en la orilla; lo bueno es que reaccioné. Y esa ha sido una aventura. De las tantas que uno tiene en este mundillo de los prostíbulos. Saludos
 
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