A Itzel la ponían a talonear todo el día, y en sus últimos servicios andaba muy nefasta y lastimada de sus genitales. Se entiende el por qué sus malas reseñas, aunque el cliente tampoco tiene la culpa. El conejo la exprimía a más no poder.
A mi me fue muy bien con ella. La veía muy seguido, pero procuraba agarrarla temprano, porque me tocó uno que otro de los últimos servicios, y me quedaba con mal sabor de boca.