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EN LA OPINIÓN DE...

Stefan Volich

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EL DÍA HA LLEGADO.

El día ha llegado para el mercado del sector comercial. Desde su establecimiento, pasando por todo el trayecto que condujo a la actividad a su punto más álgido, siempre existió una duda para los consumidores más conservadores: «¿Quién fija el precio? ¿Quién decide cuánto vale “x” y cuánto vale “y”?». A partir de allí, se abría una discusión sobre aquellos que apelaban a la individualidad y otros que aludían al hecho de sobrecostear el lujo en cuestión.

Después de milenios con la profesión más añosa del mundo, hoy se vislumbra el tan ansiado «ajuste de precios» en una actividad lúdica y de privilegiados. No me malinterpreten: cuando hay dos adjetivos que pueden hacernos ver como no somos, es preciso decir que ambas definiciones son certezas porque nada de esta latitud en el mundo resulta indispensable. El hecho —retomando el propósito de estas pobres palabras— es dejar de manifiesto un fenómeno que no aparecía en el horizonte, pero hoy más que nunca tiene preponderancia en el acontecer cotidiano, y esa causa no es otra que la tecnología.

¿Qué sucede con la tecnología? El meollo del asunto.

Cuando se establecieron nuevos canales de comunicación, jamás se imaginó que esos mismos medios se utilizarían para sexualizarlos hasta este punto (debería estar previsto, puesto que el ser humano es un animal muy básico). Pero, dejando a un lado la crítica a nuestra especie, en el momento en que una fotografía y un video podían plasmar la intimidad para hacerla circular, comenzó a moverse una maquinaria que todavía no existía.

No haremos un recorrido por las entrañables primeras descargas y transferencias por «puerto infrarrojo»; más bien, y por el bien de esta publicación, daremos un salto a lo que está sucediendo en la actualidad.

Dicho lo anterior, se debe reconocer que la puerta de este mundo quedó abierta y la persona que se encargaba de la llave quitó la cerradura y perdió la llave por si alguien intentaba cerrarla. No existe manera de regular la cada vez más alta incorporación de nuevas opciones. Y ojo: más no significa mejor (eso ya se sabe). Solo que, en este sentido, como si se tratara de una sensación primitiva y antigua, los consumidores (que son en su mayoría varones) vieron, a fin de cuentas, la proliferación del principal parámetro para sus elecciones: el recurso pecuniario. Ahora, es tanta la oferta que hay y se ha diversificado tanto el mercado que la pobreza social apela a la interacción digital y a la autosatisfacción antes de formalizar un encuentro. No hace falta, ni es el propósito de su servidor, ahondar en lo que representa una cosa o la otra; es solo que no deja de esgrimirse una dicotomía.

La aceptación del oficio también ha tenido una asimilación social casi subliminal. Antes, y no porque yo esté de acuerdo, el oficio era una actividad casi sagrada (en el sentido inverso de la alegoría), a la distancia de muchas porque el decoro y la virtud (si se quiere, pueden ser trivialidades para otros) seguían marcando un rumbo en la sociedad. Hoy, no queda nada de eso. Por activa y por pasiva, bajo cierto precepto de libertad que apesta a libertinaje, se promueve y se consiente que cada vez haya más personas cautivas en una actividad, que, dicho sea de paso, merece toda mi admiración por las implicaciones que conlleva.

Es menester aclarar que una mujer puede ser virtuosa dentro de una actividad que se puede considerar como repudiable. Solo digo que lo que antes era una última opción para sobrellevar la vida ahora se vuelve una escapatoria fácil.

Mis palabras, desde luego, no representan una certeza que deba abrir una confrontación. En todo caso, es solo una reflexión con todo el cariño y la estimación que siento hacia ellas.

Ahora, se vislumbran tiempos difíciles y cada vez más ajustes en el precio. El consumidor no está dispuesto a salir de su comodidad y se conforma con las relaciones virtuales. Las nuevas opciones llegan en volandas y solo esperan conformarse con lo mínimo porque de otra manera no recibían nada por ya mercantilizar su figura en las redes sociales.

La mesa está puesta y solo mañana se volverá a ajustar el mercado, pero no sabemos cuándo sucederá.

Siempre suyo,
Stefan Volich.
 
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