Todas las noches se ponía a vender buñuelos, o bueno me tocó porque ya no la he visto, me cotorreó ella y pues le pregunté que porque vendía buñuelos, y pues entre pláticas y risas vi que era por gusto y no por necesidad, así que le dije te compro todos los buñuelos si me dejas invitarte a cenar, me dijo que no tenía porque comprarle los buñuelos y fuimos a cenar a un lugar fresón de la zona, y pues ya entrados y con algunos vinos, nos dimos a la fuga y nos dimos un revolcón, malamente ya no la he visto ni le pedí su cel, si no la hacía mi vieja