Prometeo Company
Nuevo
- Nombre / Agencia
- Huerto
- Contacto
- Nicol
- Precio
- 650
- Tiempo acordado
- 15 minutos
- Forma de pago
- Efectivo
- Rostro
- 3,00 estrella(s)
- Busto
- 2,00 estrella(s)
- Cuerpo
- 5,00 estrella(s)
- Actitud
- 4,00 estrella(s)
- Edad aproximada
- 27
- Trasero
- 5,00 estrella(s)
- Besos
- No doy besos
- Oral
- 1,00 estrella(s)
- Desempeño Sexual
- 1,00 estrella(s)
- Repetirías/Recomendada?
- Sin dudas, tendiendo en cuenta que es un servicio tipo muñeca inflable
Hoy domingo, alrededor de las 12:30, salí con la intención clara de ir directo a Huerto. Si no encontraba nada que me detuviera, seguiría hacia el parque. Caminaba sin prisa cuando pasé junto a un par de señoras bastante mediocres… y de pronto la vi.
Morena, de caderas anchas y un culo levantado, firme, redondo, que se movía con una provocación casi insolente bajo el vestidito corto. Me acerqué, pregunté el precio: 650. Exactamente lo que estaba dispuesto a gastar. No esperaba el mejor servicio del mundo, pero sí el privilegio de elegir a la que de verdad me excitaba.
Pagamos la habitación y comencé a seguirla. Mientras subía las escaleras, cada paso hacía que el vestido se levantara un poco más, dejando a la vista una tanguita de hilo negra que se perdía entre ese culazo enorme y perfecto. El salto de cada escalón hacía que las nalgas temblaran con una suavidad que me tenía hipnotizado. Los pechos, bien hechos, operados, promedio para este tipo de chicas, pero el verdadero espectáculo estaba atrás: un trabajo de cirujano de primer nivel.
En la habitación la manoseé sin prisas. Subí el vestido hasta la cintura y contemplé esa tanguita mínima y ese culo generoso, firme, casi escultural. Cuando me metí entre sus piernas descubrí una vagina morenita, bonita, apretada, que no se veía desgastada. Entré con cuidado, sintiendo cómo me apretaba con una calidez estrecha que me arrancó un gemido.
Me acomodé encima de ella. Ella se limitó a abrir las piernas y quedarse quieta, casi muda. Cuando le pregunté de dónde era su acento, se tensó y dejó de hablar del todo. No importaba. Yo me concentraba en empujar hasta el fondo, sacarme casi por completo y volver a hundirme hasta sentir que tocaba el final de su vagina. Cada embestida profunda me calentaba más.
De pronto la sentí apretarme con fuerza, un espasmo cálido y húmedo que me rodeó el pene. Gimió bajo… y entonces lo sentí: un chorro caliente de squirt que brotó de ella, resbalando por mi verga, bajando por mi muslo y empapando la sábana de la cama. Me dijo, casi sin aire:
—Ya no puedo seguir mucho… tienes que acabar rápido.
Yo ya estaba al borde. Unas embestidas más y me vine profundo, mientras ella todavía se contraía a mi alrededor y el calor de su squirt seguía resbalando entre nosotros.
Repetiría sin pensarlo. Ese culo es, sin duda, el mejor que he visto en Huerto. Regina es mejor en culo la verdad, pero está chica no se queda tan atrás
Morena, de caderas anchas y un culo levantado, firme, redondo, que se movía con una provocación casi insolente bajo el vestidito corto. Me acerqué, pregunté el precio: 650. Exactamente lo que estaba dispuesto a gastar. No esperaba el mejor servicio del mundo, pero sí el privilegio de elegir a la que de verdad me excitaba.
Pagamos la habitación y comencé a seguirla. Mientras subía las escaleras, cada paso hacía que el vestido se levantara un poco más, dejando a la vista una tanguita de hilo negra que se perdía entre ese culazo enorme y perfecto. El salto de cada escalón hacía que las nalgas temblaran con una suavidad que me tenía hipnotizado. Los pechos, bien hechos, operados, promedio para este tipo de chicas, pero el verdadero espectáculo estaba atrás: un trabajo de cirujano de primer nivel.
En la habitación la manoseé sin prisas. Subí el vestido hasta la cintura y contemplé esa tanguita mínima y ese culo generoso, firme, casi escultural. Cuando me metí entre sus piernas descubrí una vagina morenita, bonita, apretada, que no se veía desgastada. Entré con cuidado, sintiendo cómo me apretaba con una calidez estrecha que me arrancó un gemido.
Me acomodé encima de ella. Ella se limitó a abrir las piernas y quedarse quieta, casi muda. Cuando le pregunté de dónde era su acento, se tensó y dejó de hablar del todo. No importaba. Yo me concentraba en empujar hasta el fondo, sacarme casi por completo y volver a hundirme hasta sentir que tocaba el final de su vagina. Cada embestida profunda me calentaba más.
De pronto la sentí apretarme con fuerza, un espasmo cálido y húmedo que me rodeó el pene. Gimió bajo… y entonces lo sentí: un chorro caliente de squirt que brotó de ella, resbalando por mi verga, bajando por mi muslo y empapando la sábana de la cama. Me dijo, casi sin aire:
—Ya no puedo seguir mucho… tienes que acabar rápido.
Yo ya estaba al borde. Unas embestidas más y me vine profundo, mientras ella todavía se contraía a mi alrededor y el calor de su squirt seguía resbalando entre nosotros.
Repetiría sin pensarlo. Ese culo es, sin duda, el mejor que he visto en Huerto. Regina es mejor en culo la verdad, pero está chica no se queda tan atrás